lunes, 15 de junio de 2009


El Despojado

Te han quitado tu manto hecho jirones,
la túnica también ha sucumbido
a la voracidad de tus verdugos ciegos.

Las sandalias tampoco en tus pies las dejaron
y, al no poder rasgarlas, a la suerte
rifaron con la pieza de tu túnica.

Te dejaron desnudo. Cuando fuiste
a la muerte, privado de todo te encontraste:
con tu carne desnuda, cubierto de vacío.

Mas para despojarte de todos tus tesoros,
te quitaron la paz, la fuerza, la esperanza,
dejándote tan sólo renuncia y abandono.

Te quitaron incluso la protección del Padre;
a tu madre otro hijo tuviste que buscarle,
entregando tu espíritu en soledad desierta.

Una lección nos diste. Hoy en mi huerto
de los olivos, que a todos nos reservas,
poco a poco la edad va despojando el ánima.

Tú borras la belleza de mis años alegres,
la ilusión, la alegría y el vigor de mi cuerpo
hasta dejarme hastiado, hundido en el cansancio.

Me despojan de todo, me miran como a un viejo
que de todos se aparta (“…es que chochea”).
Despojada se queda, sin memoria, mi alma,

mi voluntad, mi fuerza, mis ánimos, mi vida.
Me han dejado desnudo, aunque a rifa
no pueden repartirse mis amores.

Sin nada que perder en esta suerte,
despojado y desnudo de alma y cuerpo.
¡Así es más fácil llegar hasta la muerte!


Según una idea de M. Bovet
Julio Moreno-Dávila, Montreux XXII-III-MMVIII


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